Me decido. Repaso por un instante la cantidad de veces que yo le hablé y que ella inició la conversación. No vaya a ser cosa de quedar mal: ni muy pesado por empezar siempre las conversaciones ni muy forro como para hacerme el "que no la vi". Arranco, sin saludo inicial, como esos novios o esposos que hace años conviven y ni siquiera se saludan. Respuesta positiva, al instante.
Noto un muy buen humor de por medio, la charla fluye, nada extravagante, las preguntas clásicas: que es de tu vida, tu familia, como pasaste tu cumple, etc, etc, etc...
De repente me surge un reproche, en forma de chiste, si me hubiera escuchado un psicólogo hubiera entendido la ironía y que se trataba de una queja seria, con muchisimas ganas de que cumpla con su invitación de ir a tomar algo; lo tiro al medio del campo de batalla, casi en como su vuelo de bautismo, funciona, me sobrevienen una lluvia de excusas tontas, que ambos sabemos que lo son, pero para el momento queda bien: cuando uno quiere producir un encuentro, nunca una actividad nos detiene por mas importante que sea.
Le presto atención, a veces tarda en responder, casi como si hiciera varias cosas a la vez o si pensara bien lo que va a contestar, pero ella no es así, es impulsiva, es una nube de sensaciones y emociones vagando por la galaxia, descarto la segunda hipótesis.
Volvemos al momento de las excusas puestas por ella, quiero demostrarle y demostrarme que he cambiado en todo este tiempo, aunque yo sepa bien que no es así, quiero demostrarme comprensivo ante su libertad como mujer, aunque antes no lo haya hecho, o no comparta sus gustos.
En el apuro sólo me sale un simple: "no te hagas drama, entiendo que no me hayas podido avisar, debes estar a full".
Lo lanzo confiado, esperando una respuesta positiva, el pasar del tiempo siembra todo de mucho misterio, pura incertidumbre, ¿porqué tarda tanto?
Llega la respuesta, fría, cruda, tajante e hiriente: "no digas eso, a mi me gustan las cosas que hago, además me mantienen ocupada"
Toda mi estrategia se viene abajo, estoy tratando con alguien muy inteligente o muy estúpido, todavía no lo sé y eso les da la mejor pauta de en qué categoría entro yo.
Trato de arreglarlo, tiro frases maduras, apelo a que no comprendió, le explico, nada alcanza.
La charla derivará en boludeces, nada interesante, mi intento de limpiar mi imagen fracasó, me hace esperar mucho mas entre pregunta y pregunta. Ya está, la perdí, ojalá el tiempo haga que se olvide de éste fracaso. Que no me juzgue por esto. Una vez mas reafirmo mi teoría de que soy malo con las relaciones humanas.
Espero, aguanto, no hay respuesta a una pregunta tonta, me siento de menos, dejado de lado por el hacer "cosas mas importantes que hablar con él". Tengo ganas de pegarle al monitor, como si fuera mi cara, pero el dolor físico nunca suple al del alma. Ojalá los comandos de la vida sean tan simples como los de una computadora: borrar, deshacer, cerrar sesión.
Herido en mi orgullo me voy, me despido cordialmente, espero un tiempo prudencial, internet nunca es lo suficientemente rapido cuando esperamos una respuesta de vida o muerte.
Ya estoy acostumbrado, no recibo respuesta.
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